La M.O.D.A.: "Creemos en la música como vehículo de unión entre la gente"

Los chicos de La Maravillosa Orquesta del Alcohol (La M.O.D.A.) ya han agotado las entradas para sus tres conciertos en noviembre en La Riviera, en los que presentarán su reciente nuevo disco. Tal es su tirón popular tras poco más de un lustro de vida musical.

Esas tres actuaciones tendrán lugar los días 24, 25 y 30 de noviembre, y forman parte de la gira de presentación de la tercera entrega de su trayectoria, titulada Salvavida (de las balas perdidas), sin duda muy esperada por sus cada vez más numerosos y expectantes seguidores.

"Es un salto grande, con veinte días a la venta se agotaron las entradas para dos Rivieras y el concierto de Burgos", apunta a Mercadeo Pop el compositor y cantante del grupo burgalés, David Ruiz, quien añade: "Estamos emocionados porque la respuesta del público ha sido abrumadora".

Y es que el "crecimiento sólido" de La M.O.D.A. en apenas seis años es todo un hecho, partiendo de dos EPs en inglés que luego dieron paso a ¿Quién no…

Rosendo: "Estoy un poco harto de las cancioncitas facilonas que no dicen nada"

Cuatro años después de su anterior entrega y de recorrer España con una gira que quedó para la posteridad al llenar con 17.000 personas la plaza de toros de Las Ventas, Rosendo Mercado (Madrid, 1954) está de vuelta con su decimosexto disco de estudio, 'De escalde y trinchera' (Warner Music).

Diez nuevas canciones que empezaron a gestarse durante el año de descanso que el rockero de Carabanchel se tomó en 2016 en su "casa del pueblo" en la provincia de Burgos. "La idea era incluso esperar un par de años, pensando que me iba a costar volver a componer, porque son ya muchos años", relata a Mercadeo Pop.

Y añade: "Hicimos una gira potente de dos años seguidos y apetecía parar un poco. Me fui a Burgos y me puse a tocar a diario hasta que resultó que tenía unas cuantas canciones. Como ya no sé los años que me quedan, tampoco es cuestión de alargar los tiempos, así que planteé la posibilidad de sacar el disco este año".

Explica Rosendo en este punto que primero compone la música y después se pone con los textos, que le cuestan más de lo que pudiera parecer, según confiesa: "Escribir es una obligación, solo lo hago cuando las canciones están ya hechas. Me cuesta un mundo escribir una frase que no sea para una canción".

"Es cuando aparece material con el que puedes trabajar cuando ya rematas y escribir", apunta, al tiempo que admite: "Escribir letras es un suplicio, me cuesta mucho. Pero le dedico mucho tiempo a lo que digo y al final, cuando lo veo todo acabado, tampoco me parece para tanto. Pero me cuesta un mundo".

Agrega a este respecto que le da importancia a los textos porque musicalmente sus canciones "son cuatro acordes" y no va más allá por no tener "recursos ni técnica". Por eso, destaca que le da importancia a las letras, porque además sabe "que la gente se va a parar a escucharlas o leerlas".

"Una canción es una comunicación, decir algo que sientes o te preocupa. En mi caso al menos, porque a veces lees cada cosa por ahí...", lanza con sorna, antes de reconocer que le gusta fomentar cierto espíritu crítico con sus creaciones. "Estoy un poco harto de las cancioncitas facilonas que no dicen nada", afirma.

Y al respecto aún apostilla: "Hace años me di cuenta de que tenía en mis manos una herramienta de comunicación con la gente. El rock n' roll para mi es compromiso y mala leche, decir lo que no te gusta de las cosas. Es ese sentimiento de 'tenemos que hacer algo'. Y pretendo que mis canciones no pasen desapercibidas para quienes las escuchen".

Para conseguir ese objetivo, desarrolla "sensaciones, ideas e historias", propias o ajenas pero siempre "comunes a la mayoría de la gente", algo que, a su juicio, fomenta que el oyente se sienta "identificado". "Pero no me siento un cronista, aunque de alguna manera cuento lo que veo", indica.




Después de admitir que su sonido a estas alturas es más que "reconocible para bien o para mal", asentado en el formato de trío, explica Rosendo cómo crea esos solos de guitarra que, junto a las letras, son también seña de identidad. Y admite que todo comienza con una improvisación.

"Me hago un bucle con el trozo de tema donde va a ir el solo y me puedo pasar una tarde entera improvisando encima. En el momento que tengo algo que me gusta, me cuesta aprendérmelo porque primero sale como improvisación pero luego tengo que repetirlo". "Hay fraseos que salen y luego es muy difícil repetirlas", confiesa entre risas, añadiendo que le gusta, eso sí, que "haya una melodía identificable con el tema".

Con el disco en la calle, Rosendo está también ya de vuelta en la carretera con una gira que comenzó en mayo y que tiene aún por delante este año una quincena de conciertos antes del colofón de la temporada el 22 de diciembre en La Riviera madrileña, cita en los límites de su querido barrio de Carabanchel.

"La carretera es nuestra vida, pero me pesa. Eso quizás sea ahora lo que más me castiga cuando nos movemos. Hasta hace unos años se te pasaban los viajes sin pensar, con mucho vacile, pero llevo un tiempo que ya pesa más. Además, he ido mil veces por todos los sitios", confiesa, quitando solemnidad a sus palabras con una carcajada final.

"La carretera es un poco una sana penitencia", añade, antes de reconocer que "de vez en cuando" dice que está "deseando" jubilarse. Pero cambia de dirección acto seguido: "El caso es que me he tirado un año y pico retirado y tenía ya muchas ganas de ponerme otra vez en marcha".

Así las cosas, no sorprende que termine asegurando que "los músicos no se jubilan", aunque "lo que pasa es que no es igual". "Si siguen saliendo fechas, seguiremos un par de años y luego pararemos. Y si sale material para hacer otro disco, lo haremos. No sé en que circunstancias porque los tiempos van un poco relajándose. Me dejo llevar por lo que venga", anticipa entre risas.




Aunque su humildad se lo impida, lo cierto es que a sus 63 años, Rosendo es poco menos que una institución para la música española en general y el rock en particular. Por eso se suceden las distinciones, como esa Medalla de Oro de Madrid que recibió el pasado mes de mayo de manos de la alcaldesa Manuela Carmena.

"Lo pasé fatal, pero bien, son cosas de agradecer. Mejor eso que una pedrada en la cabeza", suelta acompañando la ocurrencia con una carcajada que aún ahora sigue sonando nerviosa al tratar el asunto. "Pero no es algo con lo que cuente para nada y lo paso fatal porque soy muy discreto y me viene todo muy grande", recalca.

Por si esto fuera poco, sigue en marcha la iniciativa que pretende ponerle una escultura en su barrio de Carabanchel. "Si quieren hacerla tampoco voy a decir que no", bromea, sacando a relucir su sempiterna timidez. Y termina cediendo y riendo: "Sería un poco ingrato por mi parte, pero quede claro que yo no lo haría nunca".

Por último, como ese cronista que en realidad no pretende ser, comenta someramente el ambiente político actual, planteando que "lo único" que él hace es "votar" a quien le parece "cuando llega el momento". "Y muchas veces nos desengañan porque nos dicen una cosa y al final es otra. Estoy un poco desencantado y preocupado porque realmente no pasa nada", reconoce.

"Seguimos con las mismas. Y luego encima los que se supone que van a tirar del carro se pegan entre ellos, con lo cual aquí no pasa nada. Soy muy mayor pero me gustaría ver que pasan cosas. Es un desencanto tremendo. En las canciones es donde digo lo que pienso y considero, y creo que le llega así mejor a la gente que con otras formas de hacerlo", remacha.

Comentarios

  1. Grande Rosendo y Viva carabanchel!!

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  2. Qué bonico es el joío, es para comérselo

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